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El corazón de pájaro pesó más.

-Así que habéis venido, dijo ella a todos sus demonios.
Ellos respondieron usando las olas del mar.
Nunca desoiríamos una llamada tuya.
Ahora ya no, porque ya lo había entendido, pero hasta hacía unas horas era incapaz de dialogar con sus demonios así. Ahora ya entendía quiénes eran y qué habían querido siempre de ella, y que, realmente, no eran ninguna clase de demonios. Años sin poder dejar de llorar de miedo ante su presencia, y ahora se dirigía a ellos con naturalidad. Ahora les entendía. Ahora contempló las olas con tranquilidad.
Horas. Meras horas.
Dio un paso hacia el borde del precipicio, real y espiritual.
-He venido a daros mi alma de pájaro.
Por un momento, las olas del mar hablaron con su murmullo natural, es decir, los demonios guardaron silencio.
Eso es entregarlo todo. Todos tus detalles. Tu forma de atarte los cordones. La ropa grande que te gusta vestir.
Nunca más helados en verano, ni en invierno.
Ni protestar por el regusto de las olas del mar.
Ni fantasear con la fo…

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